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Un poco de nuestra Arquitectura
Para el emplazamiento de la Casa del Brasil pareció ideal la zona en que hoy se
levanta el edificio, en solar irregular y de conformación nada sencilla, pero sí
en cambio con magnifica situación para el mejor cumplimiento de los fines
residenciales de la Casa del Brasil. Su amplio frente anterior, a la Avenida del
Arco de la Victoria, y la extensión lineal posterior, con luz a los terrenos
deportivos, con sol al poniente, así como su extensión – 10.000 metros cuadrados
- hacían de este terreno lugar perfecto para la ubicación de la Casa brasileña.
Los movimientos de tierras se efectuaran con la dificultad que suponía haber
sido el solar zona de primera línea de combate durante la guerra española, y
encontrarse en su subsuelo abundante material explosivo. Las operaciones de
explanación y apertura de cimentos se realizaron con la mayor fortuna. Es
importante señalar, refiriéndose a esta primera labor, que los movimientos de
tierras que hubieron de hacerse se efectuaran sin trasladar fuera del solar un
solo metro de tierra, manteniendo dentro de lo posible la topografía del
terreno, cuya primera capa procedía en buena parte de escombros.
La construcción total fue de 7.826 metros cuadrados, y la superficie ocupada, de
2.448 metros cuadrados, lo que supone un espacio no edificado destinado a zonas
verdes y de paso, de un setenta y cinco por ciento del solar.
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La configuración topográfica del solar y el vasto programa de realizaciones a
cumplir, exigieron que el edificio de la Casa brasileña hubiera de proyectarse
en diferentes bloques independientes y de desiguales estructuras, situadas a
niveles distintos, pero a la vez, armónicamente conjugados en razón de sus
exigencias funcionales. Una de las más graves e importantes cuestiones a
resolver en la complejidad arquitectónica de la Casa del Brasil fue, sin duda la
de su plástica exterior, teniendo en cuenta que con arreglo a los fines
pretendidos, ninguna de sus fachadas había de disfrutar de mayor atención y
primacía, teniendo que ser tratadas todas ellas como principales en la
diversidad del conjunto.

Ello obligó a solucionar dicha plasticidad exterior - siempre subordinada a los
fines modeladores de la intimidad arquitectónica del complejo residencial con
igual criterio funcional y estético: los mismos materiales - piedra, ladrillo,
hormigón armado descubierto, cristal, aluminio en medidas proporcionales,
equitativas y justas para los objetivos constructivos propuestos -, las mismas
estructuras, las mismas soluciones de luz y ventilación, los mismos problemas de
cobertura, etc. sólo se activó la movilidad de los volúmenes de fábrica en
función de las distintas perspectivas a que está sometida la Casa del Brasil,
procurando evitar así en ellas toda monotonía plática y haciendo de la aparente
simplicidad con que se imponen en el paisaje de la Ciudad Universitaria los
paralelepípedos rectángulos que arquitecturan este ingenio residencial, un
activo y agilísimo modelar del espacio, en el que la luz, el aire, las
inflexiones topográficas y cromáticas del paisaje y el color con que esta obra
se recubre - blanco, gris, sepia claro - constituyen unidad siempre móvil,
siempre distinta, siempre sorprendente.
La estructura edificadora de la Casa del Brasil arranca sobre pilotes en la
parte frontera a la avenida Arco de la Victoria, para alcanzar en línea frontal
la rasante de máximo nivel del jardín en la misma zona de fachada y entrada al
edificio. Una gigantesca pilastra granítica sostiene la gran solana de la planta
primera oeste y el extremo superior de este primer bloque residencial,
contribuyendo a afirmar la sensación de movilidad aérea de todo el conjunto
arquitectónico. Buena parte de los materiales fueron elaborados in situ los
demás condicionados en la obra a las necesidades del trabajo constructivo.
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El edificio comprende, en líneas generales, una primera zona de entrada,
recepción y descanso, con jardín, comedor, servicios, administración, sala de
exposiciones, salón de actos, biblioteca… En correspondencia con esta zona se
encuentra el primer pabellón de habitaciones escolares, de tres plantas, con la
fachada orientada al norte, totalmente cerrada de vistas por una amplia celosía,
que da al recinto de comunicación entre las habitaciones-estudio, con su luz
tamizada y claustral, una apacible sensación de quietud. El bloque posterior, de
seis plantas, destinado a habitaciones, mantiene la misma estructura del primer
pabellón.
Estas habitaciones - construidas como la totalidad del complejo arquitectónico,
sin vigas visibles, con luz artificial indirecta, suelos continuos de plásticos
y recubrimiento de paredes con maderas españolas y pinturas lavables de
coloraciones neutras y suaves - reciben la luz directa con vistas a las zonas
deportivas de la Ciudad Universitaria, proyectándose sus puntos de visión a los
más abiertos horizontes serranos, con cuya solución se alcanzaron dos de los más
importantes propósitos de una residencia estudiantil como esta de la Casa
brasileña: primero, que el espacio a vivir por los residentes en la intimidad de
sus habitaciones-estudio fuera, por un lado, el más activo a la directa relación
con el paisaje, por otro, el más distante a las interferencias auditivas y
visuales, más que probables por la proximidad a estos pabellones de la principal
vía de relación entre la zona universitaria y el populoso corazón de Madrid -
causando con ello justamente y explicando la necesidad de la gran celosía
exterior visible desde dicha vía principal; segundo, que la orientación de todas
las habitaciones escolares, por su orientación al poniente, reciba el calor
solar de la tarde, ideal en un complejo edificatorio que, como este de la Casa
del Brasil, está destinado a ser vivido en su plena ocupación los meses del
curso escolar - mediados y finales de otoño, invierno y primavera.
Todas las habitaciones, en numero de ciento veinte cinco, son independientes,
tienen servicios propios y sus dimensiones y ambientación fueron concebidas sin
preferencias ni consideraciones jerárquicas.
Aislada del cuerpo general del edificio, se situó la
capilla.

En la construcción de la Casa del Brasil se empleó mano de obra española -
ingenieros, técnicos, contratistas, productores, etc. - utilizando en su
totalidad materiales del país. Los revestimientos exteriores se hicieron en gran
parte con piedra burgalesa de las canteras de Hontoria, buscada a dieciocho
metros de profundidad, y trabajada por especialistas gallegos. La particular
coloración de la piedra exigió una entonación concordante y a la vez
contrastada, entre ella y los restantes materiales utilizados en el exterior,
dando a cada uno su personal carácter y manteniendo en perfecta consonancia las
relaciones comunicativas de unos materiales con otros.
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Al igual, en las demás instalaciones - cocinas, servicios sanitarios,
electricidad, mobiliario, etc. - fueron españoles los materiales y objetos
diversos empleados. Solamente el proyecto arquitectónico, urbanístico y
decorativo, así como la dirección de los trabajos, correspondió a un arquitecto
brasileño.
El complejo constructivo de esta Casa del Brasil responde al ideario
arquitectónico de nuestro tiempo: sencillez, eficacia en la función, máxima
comodidad y belleza. El espacio ha sido modelado en razón de las exigencias del
hombre que él ha de desarrollar buena parte de su vivir; haciéndole más fácil a
su andar, más cómodo y sosegado a la hora del descanso y del laborar cotidiano.
Fue concebido como una gran unidad flexible y armónica, más que asentada en la
tierra, apenas apoyando en ella; impresión de vuelo que se acusa, no sólo ya
porque las zonas de jardín lo cruzan sin solución de continuidad de una parte a
otra, sino también por la iluminación impuesta bajo los forjados inferiores, que
semejan levantar con ligereza sin igual las sólidas estructuras edificatorias.
Es esta la única nota de iluminación artificial no obligada traída a la Casa del
Brasil, puesto que toda ella no posee distintas soluciones lumínicas en su
exterior e interior, que las propias de cualquiera otra arquitectura.
Sus amplios espacios abiertos ponen en comunicación directa las distintas partes
de la Casa del Brasil, permitiendo alcanzar en una pronta visión
espacio-temporal la obra de conjunto. Todo el edificio está entrañablemente
hermanado a la naturaleza, con la que en buena medida llega a confundirse,
procurando tal conjunción y correspondencia su plasticidad exterior, contrastada
con el paisaje que rodea la Casa del Brasil y, a la vez, surgiendo en él como
una consecuencia de las alteraciones naturales del propio paisaje, que se hace
de semejanzas y contrastes continuos, umbilicalmente apretados a la noble
serenidad de la naturaleza y, a la vez, a su armónica compostura, en cuya unidad
se manifiestan las maneras diversas que condicionan su corporeidad múltiple,
distinta y siempre uniforme, y a la par maneras de arquitectura que en el cuerpo
natural surgen, medran y con él se confunden de continuo. La Casa del Brasil
surge a la realidad arquitectónica de la ciudad universitaria de Madrid, apoyada
y rodeada en su totalidad por un jardín de pradería tratada con la máxima
sencillez en formas estrictamente naturales, integrándose a la arquitectura en
la comunidad de un mismo propósito constructivo.
La sensación neobarroca que este complejo arquitectónico produce al
primer ver, le concede una movilidad sorprendente, contrapunteada por los ritmos
ortogonales que lo explican. Todo ello puesto al servicio del mejor
funcionamiento de estas arquitecturas, de la mayor eficacia de sus propósitos,
en cuyo acierto se justifica su personal bondad.
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